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Cai Guo-Qiang en el Prado

Cai Guo-Qiang es el primer artista contemporáneo que concibe obra inédita creada in situ para su exposición en el Museo Nacional del Prado.  Apoyada por el patrocinio de Acciona, la muestra presenta la faceta del artista chino como pintor inspirado por los antiguos maestros que habitan la colección del museo.


El Greco vino de Creta a revolucionar la pintura española, y Cai, que le corona como su ídolo, busca dialogar con nuestra tradición en la pinacoteca nacional desde su lenguaje vanguardista, atrevido y novedoso. Con mezcla de color, boceto y pólvora, el chino hace explotar la superficie del lienzo creando una propagación del color en formas de lo más abstractas y cromáticas. Esta es la técnica de Cai en cuanto a pintura.

Para la muestra, ha convertido el Salón de Reinos en su estudio y ha producido allí ocho obras exclusivas para la exposición. “Al igual que los antiguos genios de la pintura, he tenido que aventurarme, ser valiente en el lienzo e innovar” explica el artista, “La pólvora española es fortísima y estruendosa, pero es seca y suelta. Durante mi primera explosión no se creó tanto humo como esperaba, también porque el ambiente en Madrid es muy seco. Quise que el espíritu de los antiguos maestros saliesen de los cuadros para ayudarme” añade entre risas, “pero con otra capa sujeta con ladrillos conseguí el efecto de humo que quería en la segunda explosión. Lo sentí identificado como un arrepentimiento de Velázquez”. El resultado de este trabajo fue Día y Noche en Toledo, inspirado en los paisajes del Greco.

El segundo trabajo lo dedica a un plano más personal de su vida. El artista ha perdido recientemente a tres familiares queridos, con las explosiones de estas obras, siente como “si los recuerdos y sus espíritus se expandiesen en el espacio y observen mi trabajo” explica. Utiliza el color azul como el tono que define su sentimiento.

Otro de los trabajos más importantes es el dedicado al entorno en el que le han permitido trabajar, el Salón de Reinos, donde se preocupa especialmente por el diálogo con los antiguos. En el lienzo insistió en trazar una mancha negra alargada que representa “el tránsito de los espíritus de estos pintores por el espacio”. Es inevitable notar cierto interés por este tema de los espíritus tanto de los maestros como de sus familiares, de ahí vendrá el nombre de la exposición: El espíritu de la pintura.

El último de los trabajos se hizo anoche y es uno de los más significativos en cuanto a la línea del diálogo entre pintores. Es una sucesión de lienzos a modo de mural que suman 18 metros de largo. En esta obra se despliegan las alusiones a los artistas clave que alberga el Prado. “Utilizo el rojo de Tiziano, el negro de Goya, el azul y púrpura del Greco, el verde y el amarillo de Rubens. Quería que la explosión fuese como unos fuegos artificiales”. Mientras se recorre la colorida, dinámica y monumental pared, se descubren aleatoriamente algunos guiños a estos artistas, como la Infanta Margarita, Dánae, el autorretrato de Velázquez, el rayo del cielo tormentoso del paisaje de Toledo… en el resto de obras también hace este tipo de alusiones, mostrando completamente trasparente su obsesión por el Greco.

También hace referencia a Goya con Palmira, donde pretende un acercamiento a la energía y tensión del Tres de Mayo.

Con este proyecto Cai pretende reivindicar las cualidades que definen el espíritu de la pintura: la sensibilidad del artista, sus aptitudes artesanales y la sensación de aventura que supone trabajar sobre un lienzo en blanco. Por ello, amplía su personal espíritu pictórico pensando en vías de progreso para el arte contemporáneo. En uno de los reportajes de Ars 36 nos metemos en su estudio de Nueva York donde nos cuenta cómo trabaja con su equipo.

Hasta el 4 de marzo de 2018.

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