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Arcimboldo: entre la hortaliza y el pincel


El National Museum of Western Art de Tokio organiza la primera gran retrospectiva del artista italiano en Japón con cerca de un centenar de obras, entre ellas 10 retratos perfilados a base de verduras, frutas y peces.


Cuando Salvador Dalí descubrió los singulares retratos de Giuseppe Arcimboldo (1526-1593) supo que había encontrado una mina. Por aquel entonces, el pintor italiano no era más que un artista excéntrico y residual que poco tenía que ver con su tiempo –el manierismo–, por eso sus rostros distorsionados apenas habían sido estudiados por la crítica especializada.

Fue en la década de 1930 cuando los surrealistas recuperaron su figura y adoptaron su arte como fuente de inspiración. Así es como Arcimboldo se convirtió en precursor de los movimientos contemporáneos , especialmente de aquellos que hunden sus raíces en la fantasía, el ingenio y la ironía.

Las investigaciones en torno al pintor de los últimos, que han ido acompañadas de exposiciones celebradas en París, Viena y Milán, han permitido ahondar en la trayectoria del artista, además de reconstruir su historia. Este comenzó a usar el pincel en su ciudad natal, Milán, pero pronto rebasó fronteras, hasta el punto de ser nombrado pintor de corte del emperador Maximiliano II. Tanto él como su padre, Fernando I, fueron grandes admiradores y mecenas del artista, que aún hoy sigue fascinando por sus ‘cabezas compuestas’ llenas de anamorfosis e ilusiones ópticas.

arcimboldo montaje
Giuseppe Arcimboldo. "Agua". 1566. Óleo sobre madera. KHM Gemaldegalerie, Viena.

Unos ojos de pera y cereza nos miran de perfil desde el National Museum of Western Art. Se trata de Verano (1572, Museo de Denver), una de las diez pinturas al óleo autógrafas reunidas en la muestra Giuseppe Arcimboldo: Nature into art; exposición sin precedentes en Japón donde la comisaria –Sylvia Ferino– ha reunido cerca de 100 piezas. Las obras de este singular pintor se acompañan de otras composiciones y dibujos de Leonardo o Jacopo Ligozzi, así como objetos extraños procedentes de las Kunstkammer o gabinetes de curiosidades de la época.

El recorrido de la muestra presenta las particulares invenciones de Arcimboldo dentro del rico contexto de las obras de su tiempo, primero en Milán y después en las cortes europeas. De este modo, se pueden establecer lazos de unión entre las raíces que inspiraron sus composiciones y la realidad imperante en el siglo XVI.

Lo cierto es que Giuseppe no fue ningún artista excéntrico ni aislado. Puede que idease sus ‘cabezas compuestas’ con gran ingenio e imaginación, pero también aportó su profundo interés por las ciencias naturales en un momento en el que los monarcas europeos se sentían particularmente atraídos por las nuevas especies de la flora y la fauna. No es casualidad, por tanto, que el artista italiano se sirviese de ellas para concebir sus rostros burlescos y afrutados.

Es curioso comprobar cómo relaciona cada personaje con los elementos que le definen: al Bibliotecario le pinta íntegramente con hojas de papel y tomos de libros, mientras que el rostro del Hortelano tiene barba de zanahorias y pómulos de cebolla; unos rasgos bien distintos de la cabeza grotesca de El cocinero, hecha a base de animales. Agua exhibe un amplio repertorio de animales marinos, Otoño luce como melena las hojas que seguramente perderán los árboles durante dicha estación y Primavera sorprende por la explosión de luz y color que muestran sus flores.

El universo de nabos, cebollas, limones y pescados artísticos de Arcimboldo puede verse en el museo de Tokio hasta el 24 de septiembre. Sol G.Moreno

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