Antonio de Pereda recupera su lugar Salamanca

Antonio de Pereda recupera su lugar Salamanca

Antonio de Pereda recupera su lugar Salamanca 

El profesor Jesús Urrea devuelve al pintor madrileño el lienzo de Dios Padre bendiciendo que corona el retablo de la iglesia del salmantino convento de Agustinas Recoletas, en un artículo de investigación que publicamos en Ars Magazine 41


Corría el año 1636. Don Manuel Alonso de Zúñiga y Fonseca, VI conde de Monterrey, regresaba a España desde Nápoles, donde había ejercido el cargo de virrey al servicio de Felipe IV. Lo hacía junto a su esposa, Leonor María de Guzmán y Pimentel, condesa de Monterrey y hermana del todopoderoso conde duque de Olivares. El matrimonio decidió entonces fundar un convento en el que descansarían sus restos para la eternidad y para ello eligieron Salamanca, cuna de su condado.

Los Monterrey pusieron un especial énfasis en la decoración de la iglesia, aprovechando para ello su experiencia napolitana. Por ello encargaron un retablo confeccionado con mármoles de colores al escultor Cosimo Fanzago, para que acogiese, como gran protagonista, la monumental Inmaculada Concepción (502 x 329 cm) que José de Ribera había pintado para ellos en 1635. A la muerte de los condes ­–él fallecía en 1653 y su esposa un año después–, el retablo aún no había sido colocado. De hecho, no lo estaría hasta mucho tiempo después, pues hubo que esperar hasta 1679 para ver todo el conjunto rematado y a 1687 para que el tempo fuese consagrado y abierto al público.

Durante el periodo que va desde 1636 hasta 1679, las pinturas destinadas por los condes estuvieron seguramente guardadas en la clausura del convento o acaso en el propio palacio ducal. Esto quiere decir que el programa iconográfico original quedó desvirtuado en algún momento, de ahí la incongruencia de colocar, sobre la Inmaculada de Ribera, que se corona con la figura de Dios Padre, un segundo cuadro sobre ella con el mismo asunto.

Más allá de lo puramente iconográfico, lo cierto es que esta segunda pintura, con unas dimensiones nada desdeñables de 296 x 193 cm, pasó a ocupar el espacio más alto del testero de la iglesia. A causa de ello, y por la suciedad acumulada por el paso del tiempo, su autoría quedó muy pronto desdibujada. Alfonso E. Pérez Sánchez la atribuyó en su tesis doctoral, luego publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1965, a Giovanni Lanfranco. Esta atribución ha permanecido inalterable desde entonces. Ahora, el profesor Jesús Urrea, después de estudiarla con atención, devuelve el cuadro a los pinceles del pintor madrileño Antonio de Pereda (hacia 1611-1678) en un artículo de investigación que publicamos en el número 41 de Ars Magazine (ver aquí).

Retablo de la iglesia del convento de las Agustinas Recoletas de Salamanca, obra de Cosimo Fanzago. En el centro, la Inmaculada Concepción de Ribera (1635). Sobre él y coronando el conjunto, Dios Padre bendiciendo, de Antonio de Pereda (hacia 1655).
Antonio de Pereda. Anunciación. Hacia 1655. Óleo sobre lienzo. 233 x 200 cm. Granada, convento de San Antón.
Antonio de Pereda. Dios Padre bendiciendo. Hacia 1655. Óleo sobre lienzo. 286 x 193 cm. Salamanca, convento de Agustinas Recoletas de Monterrey.

Pereda fue uno de los grandes protagonistas de la pintura madrileña del segundo tercio del siglo XVII. Su relación con Giovanni Battista Crescenzi, marqués de la Torre, le posibilitó el acceso a palacio. Para el Salón de Reinos del Buen Retiro pintó el Socorro de Génova (ver aquí). La muerte de su mecenas le apartó del favor regio, pero su prestigio se mantuvo hasta su muerte. Como indica el profesor Urrea, Dios Padre bendiciendo corresponde a su etapa de madurez, pudiéndose fechar hacia 1655 por comparación con obras de ese mismo momento tales como la Anunciación del convento de San Antón de Granada. Todo estos datos y muchos más los desgrana el autor en un excelente artículo que atrapará al lector, quien podrá ver, además, por primera vez publicados a color, los retratos de los condes atribuidos al taller de Velázquez.

Ars Magazine 41 dedica a su portada a Murillo e incluye un artículo de Karin Hellwig (ver aquí) donde la especialista trata sobre la exposición antológica Murillo. IV Centenario, que el Museo de Bellas Artes de Sevilla dedica al genio sevillano y que precisamente abre hoy sus puertas. Reúne obras maestras del artista, algunas de las cuales regresan por primera vez a la capital hispalense desde que fueran pintadas. Su montaje ha corrido a cargo del arquitecto Francisco Bocanegra.

Además, entrevistamos a Miguel Falomir con motivo del bicentenario del Museo del Prado (aquí) y dedicamos el portfolio a La Gran Vía de Antonio López (aquí).

Taller de Velázquez. Leonor María de Guzmán y Pimentel, condesa de Monterrey. 1624-1630. Óleo sobre lienzo. 197 x 111 cm. Colección particular.