ROMA ES UNA JOYA

ROMA ES UNA JOYA

Guy Bourdin. Vogue Paris, 1961. «Imagen de la firma BVLGARI»

ROMA ES UNA JOYA

Collar de oro con zafiros azules y amarillos, perlas cultivadas y diamantes. 1988.

Más de 140 piezas de joyería de la colección Heritage de Bvlgari, junto con otras de propiedad privada –16 de ellas prestadas por la baronesa Thyssen– forman parte de la exposición Bulgari y Roma que puede visitarse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. “Nunca el museo se ha visto en una aventura tan especial”, confiesa su director Guillermo Solana, quien añade: “tan especial porque hasta ahora se trataba solo de colgar cuadro tras cuadro y ahora hay que mostrar, por un lado, la belleza y lujo de las piezas y por otro la arqueología”.

Arqueología, dado que los diseñadores de Bvlgari se han inspirado en la arquitectura y el arte de la Roma antigua y moderna; y lujo por el valor de las gemas que se presentan. El montaje también ha sido complejo, por el especial cuidado concedido al escenario, que permite el viaje por los más de 130 años de historia de la firma. La sala de exposiciones se ha transformado así de un modo increíble, al pintar las paredes de negro e iluminar con focos muy tenues.

Las piezas se muestran en pequeñas hornacinas. Resulta imposible calcular su valor. Se han añadido, además, pinturas, fotografías, esculturas y proyecciones que multiplican su presencia. Son obra de artistas tan valorados como Canaletto, Gaspar van Wittel, Ippolito Caffi o Arthur John Strutt, que llegan en su mayoría del Museo de Roma (Palacio Braschi), la Galería Borghese y los Museos Capitolinos. Se trata de una escenografía figurativa que evoca los espacios romanos. Ahí están, transformadas en joyas, una feliz interpretación del Coliseo, la Plaza de San Pedro, la famosa escalinata de la plaza de España, las fuentes de la Plaza Navona o el Panteón. El pavimento de la Plaza del Campidoglio –un proyecto original de Miguel Ángel– se recuerda en la pareja de broches de platino, rubíes y diamantes que pertenecieron a Anna Magnani (quien solía lucirlos junto con los pendientes Tridente). También las cúpulas de la ciudad se aprecian en las gemas en talla cabujón; del mismo modo que las ruinas se traducen en los diseños geométricos o las volutas del Barroco en el brillo del oro. También hay sitio para las joyas de Elizabeth Taylor o Ingrid Bergman.

Gargantilla de oro en rubíes, zafiros, lapislázuli y diamants. 1979. Colección Heritage de Bvlgari, Roma.

Sotirio Bulgari, fundador de la firma y descendiente de una familia griega de orfebres, abrió su primera tienda en Roma en 1884 y en 1905 inauguraba la actual sede de la casa en vía Condotti. A su muerte, dos de sus seis hijos, Giorgio y Constantino, se hicieron cargo del negocio. Ellos, además de la gran reforma del local, cambiaron definitivamente el nombre a BVLGARI en mayúsculas y con la tipografía de las inscripciones de la antigua Roma. Hicieron además una cosa que resultó una revolución en el mundo del diseño de joyas: unir los diamantes con piedras preciosas de distintos colores y de talla cabujón.

Abierta hasta el 26 de febrero de 2017. MPR

“Allegra”: brazalete de oro con gemas de colores, entre ellas amatistas, turmalinas y topacios azules. 2003.
Broche de rubíes y brillantes.