LA PRIMERA GRAN RETROSPECTIVA DEL ARQUITECTO MONEO, EN EL THYSSEN

LA PRIMERA GRAN RETROSPECTIVA DEL ARQUITECTO MONEO, EN EL THYSSEN

Rafael Moneo. «Portada de la ampliación del Museo del Prado.»

LA PRIMERA GRAN RETROSPECTIVA DEL ARQUITECTO MONEO, EN EL THYSSEN

Fue el mismo barón Thyssen-Bornemisza quien, tras conocer el trabajo de Rafael Moneo en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, le pidió que transformara el Palacio Villahermosa de Madrid en museo. Ocurrió hace 25 años y ahora, en 2017, un modo de celebrar este aniversario es una exposición de trabajos del arquitecto. Se han reunido 121 dibujos, 19 maquetas y 152 fotografías de medio centenar de sus proyectos más característicos, con los que se han llenado las paredes de varias de las salas bajo el título de Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo ( 1061-2016).

Retrato de Rafael Moneo.

El comisario es Francisco González de Canales, profesor de la Universidad y de la Architectual Association de Londres. La muestra está coproducida por la Fundación Barrié, el estudio de Rafael Moneo y el Museo Thyssen. Con su presentación en Madrid se cumple la última etapa de un viaje itinerante durante el que ha sufrido algunas modificaciones, de acuerdo con el lugar en donde se exhibía. Se complementa con una pequeña muestra sobre la historia del palacio, desde mediados del XVIII hasta su cambio a museo, en 1992.

La exposición cuenta, asimismo, la historia profesional de Moneo “quien buscó definir una aproximación al proyecto arquitectónico sobre una base disciplinar estable en medio de las condiciones cambiantes de su época, tomando la difícil posición de reivindicar la arquitectura como cultura y como forma específica de conocimiento”, según la opinión de los expertos en la materia. Hay quien afirma que es “un reflejo de la historia de la arquitectura reciente a través de su mirada”.

El recorrido se ha dividido en seis secciones biográficas que muestran de qué modo Moneo resiste, refleja y absorbe los intereses diversos de su época para conformar una reflexión cultural propia. La primera, “Los años formativos: La Escuela de Madrid”, se extiende hasta 1968; la segunda, “Una expresión propia: Primera madurez” alcanza hasta 1976. Le siguen “La escena internacional: entre Madrid y Nueva York” (hasta 1984), “La Experiencia Americana: Harvard” (hasta 1900), “Una Práctica profesional global: Regreso a Madrid y reconocimiento Internacional” (hasta 1999) y, por último, “La oficina en el cambio de siglo: El presente de una práctica profesional reflexiva” (hasta hoy).

La otra exposición, la de la historia del edificio, se presenta en el balcón mirador de la primera planta. Está compuesta por dibujos, planos y fotografías. Los orígenes del palacio se remontan a mediados del siglo XVIII, cuando Diego de Silva, conde de Galve, adquiere el caserón situado en la esquina de la Carrera de San Jerónimo con el Paseo del Prado. En 1746, la duquesa de Atri compra las tierras y edificios colindantes, además encarga a los arquitectos italianos al servicio de la corte –encabezados por Virgilio Rabaglio– la construcción de un palacio rococó de dos alturas. Los duques de Villahermosa compran el inmueble que sufre varias ampliaciones y transformaciones, entre ellas un tercer piso y un sobrio aspecto neoclásico.

Detalle del Museo Nacional Romano de Mérida.
Edificio Columbia.

En 1956 su planta baja albergó una sucursal del Banco Transatlántico. Tras su adquisición por la Banca López-Quesada y la demolición de todo su interior, Rafael Moneo lo transforma en museo que acoge la colección Thyssen-Bornemisza, respetando los orígenes palaciegos del edificio.

Abierta hasta el 11 de junio de 2017. MPR