Un reloj de Nikolaus Schmidt el Viejo a la venta en Fernando Durán
Fue uno de los grandes maestros relojeros renacentistas de Augsburgo, célebre por sus relojes de mesa
La obra más destacada de la próxima subasta de artes decorativas de la sala Fernando Durán el día 21 de octubre es un reloj türmchenuhr o reloj de torrecilla de NIKOLAUS SCHMIDT EL VIEJO (1549- 1625/29) realizado en bronce dorado (núm.802) por el que solicitan 30.000 €.
Nikolaus Schmidt el Viejo fue uno de los grandes maestros relojeros renacentistas de Augsburgo, célebre por sus relojes de mesa, autómatas y piezas de lujo, caracterizados por su complejidad mecánica y su refinada decoración.
Nació en Wiltz, Luxemburgo, y se estableció en Augsburgo en 1576, una de las capitales europeas de la orfebrería y la relojería renacentista. Ese mismo año obtuvo la maestría y contrajo matrimonio con Katharina Fronmüller, hija del prestigioso relojero Hans Fronmüller. Su talento lo llevó a ocupar en 1586 el cargo de Vorsteher del gremio de herreros y relojeros, una posición de autoridad técnica y organizativa.
Considerado uno de los relojeros y orfebres más importantes del Renacimiento centroeuropeo, Schmidt combinó mecánica de precisión, escultura en metal y un gusto refinado por la iconografía clásica. Firmaba sus obras con las iniciales “NS” dentro de un escudo, marca que hoy permite identificar sus piezas en museos de Europa y Estados Unidos.
Tres de sus hijos —Georg, Nikolaus el Joven y Carl— continuaron la tradición familiar, convirtiendo a los Schmidt en una de las sagas relojeras más influyentes de Augsburgo.
La obra de Schmidt se sitúa en un momento clave de la historia de la relojería, cuando los relojes mecánicos evolucionaban hacia una mayor precisión y complejidad. Los relojes mecánicos eran ya considerados máquinas de precisión de enorme complejidad
Su pieza más célebre es el reloj en forma de Madonna y Niño (hacia 1620–25), conservado en el Metropolitan Museum of Art.
En escultura ofrecen una bellísima pareja de figuras de efebos (núm. 805) en madera tallada y dorada del círculo de FILIPPO PARODI (Génova, 1630-1702) de 100 cms de alto en el precio inicial de 12.000 €.
Filippo Parodi fue una de las figuras más influyentes del barroco italiano fuera del círculo romano. Formado inicialmente en el taller familiar de ebanistería, pronto orientó su talento hacia la escultura, un camino que lo llevaría a convertirse en el principal exponente de la escuela genovesa del periodo. Su trayectoria estuvo marcada por una profunda asimilación del lenguaje de Gian Lorenzo Bernini, cuya obra conoció de primera mano durante su estancia en Roma, experiencia que transformó su concepción del movimiento, la teatralidad y la expresividad emocional.
En platería presentan un interesante cáliz de manufactura granadina realizado entre 1570 y 1600 (núm. 781) en plata dorada. Las costillas y los esmaltes de su decoración participan en una nueva estética de la platería española caracterizada por la geometría, la regularidad y la depuración ornamental, que tendrá continuidad en la primera orfebrería clasicista del siglo XVII por el que solicitan 12.000 €.
En la misma línea ofrecen el relicario, igualmente de manufactura granadina, realizado hacia 1570-1600 en plata dorada rematado por una figura (núm. 782) en 6.000 € de salida.
Del siglo XIX sobresale el juego de café y te en plata (núm.901) de GROSJEAN & WOODWARD (activos en Boston entre 1847-1853) para TIFFANY & CO a la venta en 13.000 €.
Finalizamos con el interesante tapiz de Oudenarde (núm.1072) realizado en lana y seda hacia 1600 que representa la imagen de un león cazando a un venado. En la cenefa aparecen alegorías, jarrones y sátiros. En el remate superior, Hércules y el león de Nemea.
Los tapices de Oudenaarde —también conocida por su nombre francés, Audenarde— constituyen una de las producciones textiles más características de Flandes durante los siglos XVI y XVII. Hacia 1600, sus talleres elaboraban tapices destinados a decorar residencias nobiliarias, palacios y casas de familias acomodadas de toda Europa.
Oudenaarde, situada en la actual Bélgica, había alcanzado una gran reputación por sus tapices durante el siglo XVI, especialmente por las composiciones vegetales conocidas como verdures. A finales de esa centuria, su producción convivía con la de otros grandes centros flamencos, en particular Bruselas, aunque cada ciudad desarrolló tradiciones y especialidades propias. Por esta interesante pieza de colección solicitan 4.000 €. Noemí Marín




