Antonello da Messina queda invendido en París

Antonello da Messina queda invendido en París

La Cabeza de joven santo que se ofrecía en la casa de subastas francesa Ader estimada entre uno y dos millones de euros no encuentra comprador.

El pasado martes 16 de junio salió a pujas una obra de uno de los artistas más célebres del siglo XV italiano: Antonello da Messina. A pesar de que el mercado tuvo un recordatorio reciente de la grandeza del maestro con la adquisición por parte del Estado italiano de una pequeña tabla pintada por ambas caras por 15 millones de euros, nadie pasó por alto lo extraordinariamente rara que es la aparición de una obra suya.

Con una producción muy limitada –de alrededor de 40 obras autógrafas–, incluso una pintura con un estado de conservación mejorable, como era la que ha sacado a la venta la casa Ader en París, tiene garantizada la atención del público.

El estudio técnico e historiográfico está respaldado por Marco Lucco, uno de los principales expertos en la obra de Antonello da Messina. El especialista la ha fechado hacia 1476-1477 y ha defendido la autoría frente a las críticas que ha recibido (especialmente por la madera de la tabla, que ha resultado ser de abeto blanco. Antonello solía pintar sobre chopo).

Esta atribución se propuso ya en la década de 1980 cuando el que sigue siendo su propietario se la mostró al que fue director del Museo del Louvre, Michel Laclotte. Segun Ader, la obra cuenta con una interesante provenance, ya que es posible que perteneciese a Auguste de Forbin, discípulo de Jacques-Louis David. No es difícil imaginar cómo a la escuela neoclásica francesa debieron interesarle las formas limpias y rotundas de este retrato anónimo.

Aunque lo cierto es que, desde su reciente reaparición, se ha considerado una obra mediocre. Esta falta de calidad –que no ausencia, la pintura es evidentemente bella, tal y como expuso elocuentemente Finestre sull’Arte– habría justificado la estimación de uno a dos millones de euros, un precio sorprendentemente bajo para Messina.

Antonello da Messina. Cabeza de joven santo. Óleo sobre tabla. 30 x 21,5 cm. Estimado de uno a dos millones de euros.

Y a pesar de esa contención por parte de la casa de subastas, no se ha vendido. Parece que las voces críticas con la datación y la procedencia llenaron a los posibles compradores de suficientes dudas como para no aventurarse.

El cuestionamiento llegó a ser tan contundente que La Gazette Drouot –parte de la misma matriz que Drouot, la plataforma de subastas digitales que aloja las ventas de Ader– se vio obligada a publicar un artículo un día antes de la licitación titulado Antonello da Messina: El enigma y poesía de un fragmento nunca visto para esclarecer las dudas sobre su «datación, medio y procedencia [que] continúan generando un vivo debate entre los especialistas».

En él recoge las declaraciones de Mauro Natale, que será el comisario de la exposición sobre el artista en 2028 en el Thyssen-Bornemisza: «La obra es completamente auténtica. Requerirá restauración, pero es una importante adición a su catálogo. Probablemente, se trata de un fragmento de […] un retablo del que se ha perdido el resto». Después de este fracaso en subasta, será interesante saber si Natale incluirá la pintura en la retrospectiva o el catálogo.

Desde luego sería poco útil tomar la parte por el todo y sacar conclusiones con este fracaso, pero la falta de interés es llamativa. No se puede argumentar que la casa de subastas no tuviese el perfil adecuado de comprador al alcance de la mano; en la misma venta se adjudicó una Batalla de las amazonas de Rubens por casi 2,5 millones de euros (además de toda la publicidad que atrajo en los días previos a la venta).

Solo queda considerar la posibilidad de que, a pesar de la reverencia que sienten los entendidos por Messina, este no es un autor pop. No es Artemisia –que vende incluso sin caras ni manos– ni algún copista de tercera de Leonardo (hace ya tres años y medio desde que Christie’s vendió por un millón de euros una copia del XVII del Salvator Mundi). Por lo tanto, cabe esperar que a su público no le falte criterio y sus razones para no pujar. Ahora, nos queda entenderlas.