Así recuperaron las dos piezas romanas que han llegado al MAN
La Policía Nacional consigue recuperar un par de bronces romanos datados entre los siglos I y II d.C. Salieron ilegalmente del país entre 2007-2008 y fueron adquiridos por un coleccionista neoyorquino en Christie’s hace 13 años. Expuestos en el Metropolitan, ahora por fin han regresado a España.
Esta es la historia de un expolio, pero también de una recuperación. Un relato con final feliz para dos bronces romanos que salieron ilegalmente de nuestro país y ahora han regresado para depositarse –temporalmente– en el Museo Arqueológico Nacional (MAN). Llegaron el pasado 20 de diciembre al aeropuerto Madrid-Barajas, procedentes de Estados Unidos vía Frankfurt; aunque la restitución no se ha hecho oficial hasta este jueves, en un acto al que acudieron tanto responsables de la Policía Nacional como la directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, Ángeles Albert.
El esfuerzo conjunto de la Brigada de Patrimonio de la Policía Nacional con las autoridades internacionales –incluida la embajada Suiza y la Homeland Security Investigations de Estados Unidos–, sumado a la buena disposición de su actual dueño –un coleccionista norteamericano que desconocía el origen ilícito de las piezas– ha hecho posible que este tesoro expoliado se pueda disfrutar de nuevo en España.
Montserrat de Pedro, jefa de la Brigada de Patrimonio ha explicado en rueda de prensa que la operación se ha gestado durante años, especialmente a raíz de un procedimiento judicial abierto en Suiza en 2018 que aludía a las piezas en cuestión.
La Brigada ya llevaba tiempo investigando el paradero de los bronces, pero ese pleito entre un ciudadano español y varias personas –que ya estaban en el radar de la Policía–, a quienes acusaba de malversación, estafa y apropiación indebida, entre otros delitos, le puso sobre la pista correcta.
Al parecer, el español reclamaba unas piezas romanas desenterradas en un yacimiento arqueológico durante un hallazgo ocurrido entre los años 2007 y 2008 que habían salido del país, supuestamente para ser restauradas. Pero nunca volvieron, porque los receptores del conjunto, al ser conscientes de la magnitud del tesoro que acababan de recibir, decidieron venderlo por su cuenta, tras el oportuno blanqueamiento de su procedencia.
Estas piezas acabaron en el mercado internacional en 2012, cuando Christie’s las ofreció en su subasta del 5 de diciembre como uno de sus lotes más destacados de Antigüedades, con un precio estimado de entre tres y cinco millones euros. En teoría con una provenance impoluta: el célebre coleccionista suizo Giovanni Züst. Entonces un coleccionista privado adquirió los bronces y posteriormente los cedió para exponerlos en el Metropolitan de Nueva York a partir de 2015.
Cuando el dueño se enteró del origen ilícito de las piezas, y tras recibir la petición de restitución de las mismas, decidió devolverlas al Estado español de forma irrevocable y gratuita. Algo que es de agradecer, puesto que el juzgado competente ya había considerado por la vía legal prescritos los delitos de expolio y había archivado la causa.
Desde luego, esta restitución supone todo un descubrimiento. Porque si es difícil que llegue a nuestros días un bronce de época romana prácticamente intacto, el hallazgo de una pareja que conserva incluso la base de metal ya es algo absolutamente extraordinario.
Por eso el conjunto que acaba de depositarse en el MAN es tan importante; destaca tanto por su calidad, como por sus dimensiones –más de 50 centímetros de largo– e iconografía (un par de niñas a punto de atrapar sendas perdices).
La cantidad de matices y detalles de ambas esculturas, exquisitamente talladas con ojos incrustados de piedra, pestañas de bronce laminado, los rizos recogidos en un moño de las niñas y hasta el plumaje de las aves demuestran que se trata de un trabajo extraordinario.
Están datadas en los siglos I-II d.C. y, aunque todavía no se han estudiado a fondo, porque la operación aún sigue abierta, es muy posible que fuesen expoliadas de uno de los yacimientos del sur de la Península. De momento, el Ministerio de Cultura ha decidido alojar los bronces en Madrid, pero aún no se ha decidido cuál será su hogar definitivo. Sol G. Moreno




