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2020 el año de Van Eyck

Gante se prepara para un año dedicado a su figura más emblemática en la pintura flamenca. Tras más de tres años de trabajo y estudio, la ciudad belga acoge en su Museo de Bellas Artes la mayor exposición del pintor jamás reunida, contando con el esplendor de algunas obras recién restauradas, entre ellas, la más sonada: el políptico del Cordero Místico de la catedral de San Bavón. De las 22 obras conocidas de Van Eyck, la mitad se encontrarán en el MSK y dialogarán con cerca de un centenar de obras de artistas coetáneos. Van Eyck: la revolución óptica es el proyecto más ambicioso que se ha llevado a cabo en torno a este pintor. Nunca tantas obras de Van Eyck se han concentrado en el mismo lugar.


El retablo del Cordero místico no ha abandonado la catedral ni lo hará. Pero participará de la exposición «a distancia». Para facilitar su visita por parte del público, lo cambiarán de ubicación trasladándolo a la capilla central del ábside, que es más espaciosa y privilegiada. Hasta antes de la restauración, el políptico ha permanecido en el exacto mismo lugar que quisieron los donantes allá por el año 1432. De hecho, se dice que el broche de uno de los ángeles cantores de una de las tablas de la izquierda refleja en su brillante gema central la ventana de la capilla que está en el lado Este, por la que entra la luz en diagonal iluminando el políptico. La restauración de las tablas se pensó ejecutar en la misma catedral, pero al resultar un procedimiento inviable por las obras de remodelación de su capilla de destino, el Museo de Bellas Artes ofreció su espacio de restauración, que además está visible a través de un cristal a modo de escaparate para la curiosidad de los visitantes del museo.

No se sabe mucho sobre la vida de Jan Van Eyck, su nombre aparece en 14 documentos escritos, y por supuesto, en las 22 pinturas que conocemos. Las fuentes del XVI son las que más hablaron de él. Nació en Maaseik al rededor de 1390. En 1420 pintaba para del duque de Holanda y cuando este murió pasó a ser pintor de corte del rey Felipe III de Borgoña, «El Bueno». Se sabe que viajó a Portugal, que le pagaban muy bien y que tenía mucho prestigio, lo cual no sorprende al contemplar sus obras. En esta exposición se resalta su maestría técnica, y pretende explicar al público por qué son tan buenas sus pinturas y por qué se le conoce tanto a pesar de saber tan poco sobre su figura. La investigación que ha traído consigo el proyecto revela tres razones por las que Van Eyck fue un genio: perfeccionó la técnica del óleo, Vasari decía que la inventó, porque no encontraba la manera de explicar su perfeccionismo, pero no es así. El óleo nació en el siglo XII. Nuestro autor añadió elementos químicos que perfeccionaron el proceso, y así pudo trabajar con capas y veladuras, para conseguir los efectos táctiles y lumínicos; por eso elementos como el pelo, el metal, el agua y el armiño lo representaba con una naturalidad casi perfecta. La segunda evidencia de su maestría es que era experto en observar la realidad, y eso combinado con su talento desbordante y una fantástica coordinación entre la mano y el ojo dio tal resultado. En último lugar se resalta el amplio conocimiento del pintor en el campo de los objetos, su materia y el efecto de la luz sobre cada uno. El historiador italiano Bartolomeo Facio escribió la biografía de Van Eyck, donde resaltaba su dominio de la geometría y de lo óptico. Esto nos da una pista sobre el trabajo del autor, que no solo pintaba, sino que aprendía y leía sobre física y matemáticas. Cabe aproximarnos a uno de los detalles más impresionantes de su pintura y es el caso del bastón de mando que sujeta Dios Padre en el políptico, que es de cristal y refleja cómo la luz atraviesa el material trasparente.

Los descubrimientos tras la restauración del políptico han sido abundantes. En primer lugar se ha resuelto el dilema sobre quién fue el que realmente pintó: él o su hermano Hubert que firmó cerca del marco. Pues bien, se sabe que el encargo lo recibió Hubert pero solamente participó en el dibujo preparatorio. En segundo lugar, se ha profundizado en los inicios de Van Eyck como miniaturista de manuscritos, llegando a confirmar alguna atribución que podrá verse en la muestra. Uno de los descubrimientos más evidente ha sido el de los –más de 30– repintes que ha habido desde el siglo XVI. Fue una época difícil para la iglesia por la guerra de religiones que bullía en el país. En lo que respecta al arte religioso, temían por la propagación de la iconoclastia, y para evitar la destrucción de sus imágenes, editaron aquellas pinturas cuyas características morfológicas o escenográficas distrajesen la mirada y el sentido de la obra. Por lo que estos repintes del siglo XVI simplificaron las formas y difuminaron en general los detalles tales como pliegues de las telas, tipos de flores, de plantas y de aves, y lo más sorprendente de todo: el rostro del cordero. Esta es la parte que más ha variado tras la restauración, ya que el cordero que pintó Van Eyck, a parte de ser más explícito en la forma del hocico y de las lanas, los ojos son mucho más grandes y llamativos, con una mirada muy penetrante, además, en vez de ser laterales, son frontales; las orejas estaban pintadas mucho más bajas, ligeramente en la línea de los ojos, siguiendo una simetría de un rostro humano. Esto fue a propósito buscado por el pintor, que quiso darle al cordero una cara humana, para identificarlo con Cristo. Por otro lado, al eliminar capas que ocultaban muchos detalles, se han descubierto nuevas especies de plantas y de aves. Solamente en la tabla del cordero, se han detectado más de 100 tipos de plantas y flores diferentes.

La restauración y esta gran exposición serán los dos grandes pilares del año Van Eyck que se celebra durante 12 meses, aunque la exposición finalice el 30 de abril del 2020. Pero además de esta muestra, habrá otras tres dedicadas a los primitivos flamencos. Pero esta celebración no solo consiste en exhibiciones de pintura, sino que la ciudad de Gante se convertirá en un festival multidisciplinar con numerosas actividades de música, diseño, teatro, actividades infantiles, instalaciones en parques públicos, gastronomía e incluso deporte. Todo bajo el título que hace un guiño a la pintura del Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa: OMG! Van Eyck was here.

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