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17,5 millones de euros por tres cerámicas chinas en Christie’s Hong Kong

Las piezas, todas pertenecientes al período Qianlong, representan notables ejemplos dentro de las múltiples variables existentes en cerámicas de la época.

Que China siga siendo el destino perfecto para las piezas más sobresalientes de cerámica oriental no es sorprendente. Las obras, en ocasiones de difícil lectura para un ojo occidental, atraen a los coleccionistas más inmersos en la cultura milenaria. El último ejemplo de este fenómeno nos lo ha proporcionado Christie’s, que saldó el pasado día 30 de mayo la subasta dedicada a tan solo tres singulares cerámicas con un resultado de más de 17 millones de euros.

Cada una de los lotes representa una variante distinta dentro de la producción de los talleres de una de las dinastías más prolíficas, no solo en producción sino en tipologías. Los emperadores Qing no eran originarios de China, sino que procedían de Manchuria, y al llegar al poder buscaron congraciarse con sus súbditos a través del conocimiento de su cultura. Esta inteligente campaña publicitaria tuvo como consecuencia la creación de obras muy brillantes y de gran erudición. Los artesanos recuperaron gracias al patrocinio imperial técnicas y formas del pasado que aplicaron a sus diseños.

Este espíritu arqueológico está encarnado a la perfección en la pareja de jarrones dorados y esmaltados en verde. Tanto las decoraciones como el perfil de los recipientes están inspirados en piezas de bronce creadas en la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.). La imitación de otros materiales en cerámica no fue una invención Qing, pero es durante su mandato cuando se alcanza la mayor perfección. El lote contaba con unas estimaciones de entre 2 y 3 millones de dólares y se remató en 2,6 millones.

No solamente destilaron los Qing la esencia de los milenios de cultura que les precedieron, sino que supieron conjugarla con elementos contemporáneos. Tal es el caso del Yangcai de fondo amarillo titulado Niños. Por un lado, nos encontramos con la aplicación de colores intensos, como el rojo o el amarillo, que remiten a la dinastía Song  (960 – 1279) conocida por sus cerámicas monocromas de vivas tonalidades. Por otro, la representación de niños fue muy popular desde el siglo XVII en China, ya que se relacionaba con riqueza y fertilidad. Con unas estimaciones de 5,4 y 8,7 millones de euros se quedó a mitad de camino al bajar el martillo en 7,2 millones.

También podemos apreciar, ya en época Qing, la influencia de Europa sobre sus medios de representación, llevada fundamentalmente por los misioneros jesuitas que se propusieron la evangelización de oriente. La tercera y última pieza presentada en la licitación fue una vasija de porcelana blanca y azul cuyo diseñador, el pintor Jiao Bingzhen, manifestó en sus obras una aproximación a la pintura occidental. Podemos apreciar como al estilo de pintura tradicional china se aplican las nociones de una perspectiva aérea y de la representación de la línea del horizonte (aunque parcialmente). Con respecto a la perspectiva, vemos como la disposición de los árboles y las montañas contribuyen a generar una ilusión de profundidad, que en una pintura más tradicional sería completamente impensable. Lo mismo ocurre con la delimitación del horizonte, que si bien es parcial, se extiende más allá del perfil montañoso y hacia la masa de agua. Si contemplamos cualquier ejemplo de pintura anterior a la llegada de los artistas europeos veremos que no hay ninguna línea que separe los mares o ríos del cielo. Este aspecto híbrido concede una gran importancia a esta pieza. No en vano fue la que más recaudó con 7,6 millones de euros. Héctor San José. @hectorsanjose_

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