El pasado miércoles el mundo quedó boquiabierto por un récord en la casa de subastas parisina Drouot que superó 20 veces las estimaciones. Las sospechas sobre la rápida emergencia del arte chino en el mercado se corroboran paulatinamente.


El lote 36 era un sello imperial chino de la dinastía Quing, en concreto del reinado del emperador Quianlong (1736-1795). Lo vendió la casa Pierre Bergé & Associés y las pujas desencadenaron una auténtica batalla entre muchos postores que duró hasta 15 minutos. El martillazo final adjudicó la pieza preciosa por nada menos que 21 millones de euros que ofreció un coleccionista chino, lo cual supone un récord mundial (de hecho, se lleva la mención de lote más caro de 2016 en lo que se refiere a artes decorativas).

Sello imperial de la época de Quianlong 1736-1795. 21 millones de euros.

Sello imperial de la época de Quianlong 1736-1795. 21 millones de euros.

El sello está hecho en piedra de jabón rojo y beige. En el reverso se lee la inscripción al estilo Zhuanshu: 乾隆 御筆 之 寶 (Quian Long Yu Bi Zhi Bao), que en chino significa “Tesoro Quian Long Yubi”. Los cuatro lados están tallados en relieve de Kuilong, la parte superior está decorada con nueve dragones arcaicos y estilizados que se enroscan unos con otros. Representa un motivo iconográfico chino en la que estos animales fantásticos persiguen entre las nubes la perla sagrada, símbolo del poder imperial y objeto que otorga la inmortalidad. El número de dragones se asocia al poder masculino, además de ser el emblema típico de la autoridad imperial.

La cultura del sello en China floreció durante las dinastías Ming y Qing. Este cobra tanta importancia porque, entre los 12 emperadores de la dinastía Qing, el emperador Qianlong (1736-1795) se distinguió por su especial gusto de los sellos imperiales. Llegó a poseer más de 1.800, de los cuales 700 han desaparecido y 1.000 se conservan en el Museo de la Ciudad Prohibida. Este gobernante no solo fue el que más sellos atesoró, sino el que los mandó tallar de la manera más excepcional, lo que eleva considerablemente su calidad.

Esta variedad de piedra de jabón ha sido subestimada durante mucho tiempo. Sin embargo, desde mediados de la dinastía Ming, empezó a ser muy apreciada por los intelectuales, hasta que en la época del emperador Qianlong Shou Shan se convirtió en una de las piedras de los más valiosos sellos.

Esta adjudicación demuestra la creciente cotización del arte asiático en el mercado durante 2016. Quizá esto se haya dado por la tardía introducción de este tipo de arte en el mercado global. Las casas de subastas empezaron en este país en el año 1992, cuando el gobierno comunista legalizó la venta privada de arte. En 2004 fue cuando se abrieron totalmente al mercado extranjero, y cuando Christie’s y Sotheby’s entraron en escena clavando sus banderas en Hong Kong. Inevitablemente los compradores de occidente vuelven los ojos hacia Asia, donde hay tantas piezas exclusivas y nunca vistas a punto de salir a la luz como este sello; por eso se dan subidas como esta. En la actualidad China comparte con Estados Unidos el primer puesto en el mercado mundial, puede que incluso le supere, ya que el pasado año asumió más del 30% del total de la industria del arte. Las nuevas casas de subastas fijan sus objetivos en el lado este del mapa, ya que también algunos habitantes de Asia están empezando a convertirse en afanosos coleccionistas.

Pero no hay que ir tan lejos para apreciar este movimiento en el mercado. Tan solo con hacer repaso de las subastas españolas es inevitable notar el predominio chino. Por ejemplo, en Abalarte el mobiliario y porcelana china se vendió con éxito en la subasta de ayer, según cuenta nuestro colaborador Mariano Santos (leer resultados). Y el año pasado también sobresalió el arte chino en Fernando Durán cuando en la subasta de julio se vendió un jade por 6.000 euros que salió por 800 (leer artículo), o el jarrón de marfil chino que se vendió en la pasada navidad en Segre por 8.000 euros (leer artículo).  Podríamos atrevernos a calificar al mercado de arte chino como una burbuja dentro de la gran burbuja cuyo área aumenta progresivamente, y no solo en lo que se refiere a las antigüedades, sino en lo contemporáneo también. Ana Robledano Soldevilla. @Arobledano