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Se expone la Colección Masaveu en la nueva sede de su Fundación

La familia Masaveu es un extenso árbol genealógico de destacados empresarios españoles, que a lo largo de varias generaciones, han alimentado su gusto por el arte y han desarrollado su coleccionismo y mecenazgo privado. La colección que han reunido es hoy una de las más grandes de nuestro país no solo por el número de piezas sino por la calidad y variedad de las mismas, que abarcan desde la Edad Media hasta la actualidad. Oficialmente es propiedad de la Corporación Masaveu, y en 2006 se creó la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, heredera de esa tradición centenaria de mecenazgo, como gestora de la Colección Masaveu desde 2013, ha iniciado a través de la organización de diversos proyectos una nueva etapa para su conocimiento y difusión. Cada año compran en ARCO y hacen crecer la colección de diversas maneras y proyectos. Su objetivo fundamental es el apoyo e impulso del arte español y el mecenazgo.

La Fundación acaba de inaugurar su sede en Madrid donde exponen piezas de la colección que el visitante irá descubriendo a lo largo del recorrido. Dos de ellas, resultado de uno de los proyectos de mecenazgo, han sido concebidas específicamente para este espacio. La sede está en la Calle Alcalá Galiano, 6 y contaron con la asistencia del Rey Felipe VI en el acto de inauguración. Se ubica en un edificio rehabilitado, un antiguo palacete reconvertido posteriormente en hotel. La construcción original responde a las características de la arquitectura palaciega madrileña de estilo neoclásico, de formas sencillas, armónicas y proporcionadas. Se compone de dos estructuras anexas separadas por un patio habitado por Silencio, una escultura de 14 metros de altura del artista Jaume Plensa creada ex profeso para este espacio. Representa el rostro inmaculado de una niña, ya casi una adolescente, que se cubre la boca y cierra los ojos en actitud de silencio. Un momento de reflexión con el que se invita al espectador al mero disfrute del arte y de la belleza. El edificio destina sus más de dos mil metros cuadrados, distribuidos en tres plantas, a salas polivalentes, auditorio, zonas de servicios, patios y terrazas.

Se dispersan por estas salas un total de 117 obras seleccionadas de uno de los núcleos más interesantes de sus amplias y variadas colecciones: el de la pintura española del siglo XIX. El recorrido, comisariado por Javier Barón, arranca con Francisco de Goya y se extiende hasta el modernismo y el postmodernismo catalán. significativas obras de Francisco de Goya y Agustín Esteve, un retrato neoclásico de Zacarías González Velázquez y cuatro pinturas de Vicente López que evidencian su evolución desde las referencias al barroco tardío de su formación hasta las obras con tintes románticos de su última fase. Este periodo,
el Romanticismo, está muy bien representado en sus focos principales, Sevilla y Madrid. En el primero, los retratos de Antonio María Esquivel y de su hijo Carlos María y las cuatro vistas de Manuel Barrón ponen de manifiesto la calidad que alcanzaron ambos géneros entre los artistas sevillanos. Los pintores madrileños también destaca- ron en el retrato, como se muestra aquí en las tres obras de juventud y de la primera madurez de su máximo exponente, Federico de Madrazo. Junto a él, la vena goyesca, vinculada a los cartones para tapices y a las escenas de guerra y violencia del pintor aragonés, aparece excelentemente plasmada en las obras de Eugenio Lucas Velázquez. Las pinturas de género de Dionisio Fierros y Eduardo Rosales (con la recuperación de una relevante obra de este que se hallaba en paradero desconocido) revelan el interés que existió por las escenas de costumbres en el tránsito del Romanticismo al realismo.

El siguiente apartado de la muestra trata las numerosas corrientes que surgieron en el último tercio del siglo. En él tuvieron cabida tanto el género histórico (en el que destacaron Ignacio León y Escosura y Francisco Domingo) como el paisaje, verdadero cauce de renovación tanto en su vertiente realista (con Carlos de Haes, Agustín Riancho, Martín Rico, Mariano Fortuny y Luis Álvarez Catalá) como en la naturalista (con Aureliano de Beruete, Eliseo Meifrén, José Moreno Carbonero y Cecilio Pla entre otros). También las costumbres atrajeron la atención de los pintores, influidos algunos como Luis Menéndez Pidal por la tradición realista española del Siglo de Oro.

La sección más importante de la muestra es en la que cuelgan las numerosas obras de Joaquín Sorolla que alberga la Colección Masaveu. El empresario y filántropo Pedro Masaveu Peterson sentía verdadera pasión por la obra del valenciano y llegó a atesorar 59 obras del artista, 46 de las cuales forman parte de la Colección Masaveu. Estos fondos le convierten en el coleccionista privado español que más obras ha reunido de Sorolla y el segundo a nivel mundial después de Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society de Nueva York. Pero también está muy bien representada la renovación
que siguió, como reacción, al triunfo de Sorolla a través de las obras de Darío de Regoyos (entre las que se encuentra la última pintada por el artista), Francisco Iturrino, Ignacio Zuloaga, Julio Romero de Torres, Evaristo Valle, Valentín de Zubiaurre y Juan de Echevarría. Esa vertiente renovadora, que destacó especialmente en el ámbito catalán, tiene
un notable protagonismo dentro de la exposición. Así, el modernismo está encarnado en las figuras de Santiago Rusiñol, con cuatro pinturas representativas de toda su trayectoria, Ramón Casas, con tres, y Hermen Anglada-Camarasa, con diez, lo que le convierte en el segundo artista con mayor número de obras en la exposición.

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