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‘Nuestra Señora del Juncal’: una exposición para salvaguardar al navío del expolio

El Archivo General de Indias inauguró el pasado lunes la muestra dedicada al galeón Nuestra Señora del Juncal, un navío de azarosa historia construido en 1620 que acabó naufragando el 31 de octubre de 1631 en las aguas del Caribe con el valioso cargamento de la Flota de Nueva España. Ha sido organizada por el Ministerio de Cultura y Deporte, Acción Cultural Española (ACE) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH). A través de las cerca de ochenta piezas que se muestran, se recrea el aspecto de este importante navío y su contexto, un proyecto que culminará cuando se confirme su localización en las aguas de México y pueda recuperarse y salvaguardarse del expolio según las recomendaciones de UNESCO en materia de Patrimonio Cultural Subacuático.


En 1620, Antonio de Ubilla y Estrada, contador de artillería de las fortificaciones de Hodarribia y San Sebastián, se embarcó junto a su esposa en un gran proyecto naval: la construcción del galeón mercante más grande que se había realizado hasta la fecha en dichos astilleros. Fue bautizado como Nuestra Señora de Juncal. Su pretensión era la de venderlo a comerciantes y mercaderes andaluces particulares, pero finalmente fue designado por la Casa de la Contratación de Sevilla para participar en la Flota de Nueva España de 1624 a pesar de sus dimensiones. Y es que estas excedían aquellas necesarias para sortear los dos principales escollos de calado y porte: la barra de Sanlúcar de Barrameda y los bajos de entrada del puerto de Veracruz.

El 14 de julio de 1624 la nave partía en la Flota de Nueva España y arribaba a Veracruz sin ningún percance, pero durante ese invierno fue objeto de algunas modificaciones para aumentar su carga. Este fue el principio de su fin. En el viaje de regreso a Sevilla un año más tarde la nave fue apartada, pero en 1629, acuciada la Flota por la situación política del momento –la Guerra de los 30 años–, la Casa de Contratación decidió convertirla en la capitana de la nueva expedición, por lo que hubo que intervenir en ella y armarla. El 3 de octubre de 1630 partía rumbo a Veracruz.

El viaje de vuelta sellaría su destino: la Flota salió tarde, arriesgándose a las condiciones climatológicas adversas. Los días 17 y 18 de octubre de 1631 fueron nefastos, pues la mar engulló el resto de navíos. La Santa Teresa se fue a pique y el San Antonio encalló en la costa de Yucatán. Nuestra Señora del Juncal, cargada con 1 millón de pesos en plata, lingotes y una gran cantidad de objetos de lujo, ya muy maltrecha, resistió hasta el anochecer del día 31, cuando desapareció engullida por el mar. Sólo hubo 39 supervivientes, que fueron avistados un día más tarde y e interrogados posteriormente en Cádiz con la intención de poder rescatar el tesoro que llevaba en sus bodegas.

Cuando se cumplen casi cuatro siglos desde aquel desastre, Ministerio de Cultura y Deporte, Acción Cultural Española (ACE) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia de Mexico (INAH) acaban de inaugurar en el Archivo General de Indias de Sevilla La Flota de Nueva España y la búsqueda del galeón Nuestra Señora del Juncal, un proyecto que arrancó a principios de 2020 y que ahora por fin ve la luz.

En puridad, la recuperación del navío y su carga comenzaron en 1670, cuando la Corona intentó recuperar sin éxito su tesoro. Ya durante el siglo pasado, la empresa Seaquest intentó localizar su carga y a ellos les siguieron el buque ruso Akademik Mstilav Keldysh (1993) y la conocida empresa Odissey Marine Exploration (2006). en paralelo, las campañas arqueológicas del INAH han intentado dar con su posición, un elemento clave para evitar su expolio dentro del marco de las recomendaciones de la UNESCO en materia de Patrimonio Cultural Subacuático. No en balde, se trata de un barco mítico para los cazatesoros por el cargamento que llevaba en sus bodegas, de ahí que la muestra deje muy a las claras la intención colaborativa entre España y México por reclamar conjuntamente su propiedad una vez que aparezca.

Para recrear todo lo acontecido, la exposición cuenta con un material excepcional, toda la documentación conservada en el Archivo de Indias tanto del momento en que zarpó como el juicio a los supervivientes y las cartas que mandó el virrey, Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralbo, antes de zarpar. Se contextualiza con piezas procedentes de otros naufragios como el cañón del Nuestra Señora de Atocha, que se hundió en 1622 y los dos lingotes de oro y plata del Museo de América que proceden del mismo pecio.

A ellos se suman otras obras procedentes de hasta dieciocho instituciones como un retrato de Felipe IV del taller de Velázquez del Prado o una recreación de cómo pudo ser el aspecto de la nave, amén de planos y vistas de los lugares por donde pasó el navío desde su construcción a su hundimiento. La Flota de Nueva España y la búsqueda del galeón Nuestra Señora del Juncal podrá visitarse hasta el 17 de abril de 2022. Ha sido comisariada por el arqueólogo Carlos León y por los investigadores del INAH, Flor Trejo y Roberto Junco.

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