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La Fundación Endesa revaloriza su patrimonio histórico eléctrico

Estamos acostumbrados a entender nuestro patrimonio histórico como aquel conformado por bienes, ya sean muebles o inmuebles, de los siglos pasados, casi siempre marcando como fecha límite el siglo XIX. Sin embargo, la época que se ha denominado como «segunda revolución industrial», con la implantación de la energía eléctrica en nuestro país, dejó a lo largo de todo el territorio peninsular un importante conjunto de instalaciones. Ahora, la Fundación Endesa recupera parte de este rico patrimonio con la intención de darlo a conocer y conservarlo para la posteridad.

La primera referencia histórica en España de una iluminación eléctrica nos lleva al año 1852 y a la ciudad de Barcelona. Fue entonces cuando, por primera vez en nuestro país, el farmacéutico Doménech fue capaz de iluminar su negocio. Ese mismo año recibían luz la Plaza de la Armería y la del Congreso de los Diputados de Madrid. La Ciudad Condal no se quedó atrás e hizo lo propio con el castillo de Montjuic, las Ramblas o parte del Paseo de Gracia. Hubo que esperar a 1885 para ver publicado el primer decreto que ordenaba las instalaciones eléctricas.

El gran salto se produjo a principios del siglo XX con la aparición de la corriente alterna, que permitió transportar la electricidad a grandes distancias. Fue entonces cuando se construyeron las grandes centrales hidroeléctricas. Algunas de ellas pueden ahora conocerse con todo detalle a través del Archivo Digital del fondo histórico de Endesa. El desarrollo de dicha plataforma digital nace de la necesidad de proteger y salvaguardar el patrimonio que por obsolescencia tecnológica, desuso o por el fin de su vida útil, ha dejado de formar parte de los activos relacionados con la actividad regular de la Compañía, pero que sigue teniendo un papel relevante como testigo y protagonista del nacimiento y desarrollo del sector industrial dedicado a la generación, transporte, distribución y comercialización de energía eléctrica.

Dicho patrimonio, que se encuentra distribuido a lo largo y ancho de toda la geografía española, está siendo inventariado, catalogado y digitalizado bajo unos parámetros homogéneos, con el objetivo que hacerlo accesible en cualquier momento y desde cualquier lugar. Os motramos algunos ejemplos, todos ellos visitables, con la invitación de que podáis acercaros a conocerlos in situ.

El primero que os proponemos es la central eléctrica del Capdella, que entró en servicio en 1914 e inició el suministro de fluido eléctrico a la ciudad de Barcelona. Fue un ambicioso proyecto que aprovechó las aguas de 27 lagos de la cabecera del Valle del río Flamisell, situados a más de 2000 metros de altitud sobre el nivel del mar, con un salto de 836 metros de desnivel. Es visitable y en ella, a través de la visita a la sala de turbinas y a través de una muestra de elementos por el Fondo Histórico de Fundación Endesa, los visitantes pueden apreciar la transformación tecnológica, social, cultural y económica que supuso en la zona.

La Central hidroeléctrica de Talarn, construida por la compañía Barcelona Traction Light and Power Co, popularmente conocida como La Canadiense, fue puesta en servicio el mes de marzo de 1916 y resultó ser la primera gran central hidroeléctrica de embalse situada en Cataluña. Con 84 metros de altura y 204 metros de longitud en coronación, se convirtió en aquel momento en la presa más alta de Europa y la séptima a nivel mundial.

Por último, la más reciente de todas es la de Susqueda, que entró en servicio en 1967. Una de las singularidades de la central hidroeléctrica de Susqueda es, precisamente, su arquitecto, Arturo Rebollo, que introdujo un seguido de elementos arquitectónicos y decorativos ajenos completamente a la ingeniería eléctrica y que hacen de esta central una instalación única en Cataluña y en el resto de España. Así, el interior de una parte de la presa cuenta con una sala hipóstila con dos hileras de columnas hiperbólicas convertidas en lámparas, una escalera de caracol (de forma helicoidal) de hormigón sin eje central (una revolución en la ingeniería de la época), un túnel de acceso a la central con iluminación futurista, y la sala principal (donde se ubican las turbinas) vestida con esculturas geométricas y un friso de forja –simulando pinturas rupestres- que narra el proceso de construcción de una central hidroeléctrica. De hecho, las esculturas se reproducen en buena parte del complejo, salpicado de fantasías de hierro que representan flores, plantas y otros elementos vegetales. ARR.

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