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GUILLERMO OYÁGÜEZ: “Mi relación con la pintura es como un viaje”

Cumple 50 años con una exposición y haciendo lo que más le gusta: pintar. Sin presiones del mercado ni de la crítica, Guillermo Oyágüez Montero desarrolla su obra basada en la figuración y en una paleta cromática rica en matices, especialmente de tonos azulados (como los del mar que tanto añora de su Málaga natal). Un artista libre que pinta por el placer de hacerlo, que “se deja llevar” cuando inicia un cuadro y que entiende su trabajo como una forma de disfrute, no como una carrera o una profesión. 



Guillermo quiso soplar las velas en Ansorena el 28 de mayo, justo el día que inauguraba una muestra compuesta por unos 30 lienzos y varios dibujos, como si su obra fuese el mejor regalo para él mismo, sus amigos y el público. La celebración se vio truncada por la pandemia, pero el regalo pictórico aún puede verse en la galería hasta el 17 de julio.

Paisajes, caravanas, escenas acuáticas y muy poca figura humana, salvo un par de autorretratos confinados. Entrevistamos al artista malagueño, que habla con franqueza y pasión de ese viaje por más de dos décadas de pintura figurativa y maestría cromática.

*Ha celebrado su cumpleaños inaugurando Un viaje de 50 años, bonita manera de festejar…

*Habitualmente el mes en el que expongo en Ansorena es mayo, por eso cuando estábamos cuadrando la fecha de inauguración pensé que sería bonito hacerla coincidir con mi cumpleaños, porque 50 años es una cifra redonda. Entonces llegó la COVID-19 y frustró mi deseo. Yo disfruto mucho en mis inauguraciones, me llena de satisfacción que mi familia y  amigos acudan ese día tan importante para mí, en el que los cuadros quedan en un segundo plano y todos nos encontramos. Fue un cumpleaños/inauguración descafeinado, pero ahí está mi trabajo.

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*Esta pandemia nos ha obligado a todos a reinventarnos. Usted ha compartido su trabajo a tiempo real en las Redes y ahora reproduce parte de su estudio en el piso inferior de la galería. ¿Cómo ha vivido los meses de confinamiento?

*Ha sido fácil, nuestro tipo de vida tiene mucho de aislarse y he trabajado más que nunca. Soy una persona inquieta, proclive a las distracciones y el confinamiento me ha centrado. Sí que he tenido algún bajón, pensando en si merecía la pena tanto esfuerzo sabiendo que mi trabajo sería expuesto en fechas de poco tránsito. Aun así, en tiempos difíciles creo que hay que dar más. Para mí está siendo más dura esta libertad tan particular, necesariamente regulada y condicionada. Lo de llevar mi estudio a la galería supone acercarme de una manera más personal a quien contempla mis cuadros.

*La muestra gira en torno a cinco grandes temas: mar, corales, viajes, caravanas y Netflix. ¿Uno por cada decena?

*Eso es y “viaje” resume todos. Mi relación con la pintura es un viaje, no me lo planteo como una carrera, porque mi meta es vivir disfrutando. No tengo prisa por llegar a ningún lado (en lo profesional, porque en lo personal sí que quiero estar en el mar cuanto antes). Netflix fue motivo de una exposición individual, el resto de temas son recurrentes en mi trabajo, forman parte de mi vida.

*Algunas obras muestran escenas acuáticas, ¿son realistas o inventadas?

*No soy un pintor interesado en la descripción de detalles, pero sí en la de luces y ambientes. He visto muchas veces las olas romper por encima de mi cabeza, formar remolinos de espuma entre rocas y corales, o el sol filtrándose en el mar mientras crea fugaces golpes de luz. Todo esto queda en mi memoria. Cuando pinto, tacho e insisto hasta que recuerdo y cuadro coinciden; pintarlo a partir de una fotografía te lleva en muchos casos a copiar de una manera inconsciente, sin embargo cuando lo haces de tu recuerdo interpretas. Pienso que, a fin de cuentas, lo que más nos diferencia a unos de otros es el recuerdo.

*También tiene series de figuras bañándose. ¿Por qué esa fijación por el agua?

*Pues no es una pregunta que me haya planteado. Podría adornarme y desplegar un sinfín de argumentos, es fácil hacerlo con cualquier obra… El mar me relaja, no deja de ser un mundo distinto al nuestro aunque nos movamos en él “como pez en el agua”. Creo que nadando o buceando hay una parte de mí que se silencia y se dirige a sobrevivir en él. Las personas metidas en el agua juegan con ella entre sus manos y dedos, flotan, parecen ensimismadas… me gusta esa sensación.

*Iba a preguntarle si buceaba, pero ya me ha contestado.  

*Sí, buceo sin botella. Me da mucho respeto que mi respiración dependa de unos tiempos y unos artilugios. También hago kite surf, es divertidísimo, planear por el agua con la tracción del viento es emocionante, y nado cuando mi espalda sufre por la postura propia de pintar. Desde la infancia, todos los veranos de mi vida han estado ligados al mar.

*Creo que esa pasión le ha llevado a comprarse una cámara acuática para captar mejor lo que sucede bajo el agua.  

*Cuando iba a nadar y estaba apoyado en el bordillo, me di cuenta de que todo  lo que veía me gustaba. Así que decidí comprarme una cámara para hacer algunas fotos robadas cuando la gente no me mira. Una piscina es como un oceanográfico, con la diferencia de que los animales que se desenvuelven en esa gran pecera somos nosotros. Me encanta observar, el silencio y sumergir la cabeza en el agua para escuchar mi pulso y respiración mientras veo lo que ocurre alrededor.

*¿Qué papel juegan esas fotografías en su pintura?

*Me dan información inicial a la hora de comenzar el cuadro, en la segunda o tercera mancha las rompo para continuar de mi propio recuerdo. De nada me serviría pintar a partir de fotografías si no he estado en esa piscina llevándome todas las sensaciones que el resto de los sentidos proporcionan: tacto, oído, olfato. Hay un debate abierto entre los que defienden el uso de la fotografía y los que defendemos la pintura del natural; para mí no hay una diferencia en la calidad, que un cuadro esté pintado del natural no implica que sea mejor pero yo creo que la pintura del natural tiene algo mágico, las emociones, la experiencia del lugar.

*Normalmente sus pinturas muestran menos figura y más paisajes.

*Eso es cierto. Pocas veces, salvo alguna excepción, incluyo figuras humanas en mis cuadros. ¡Cuántas veces he deseado salir a la calle y no encontrarme con nadie deambulando por calles y paisajes vacíos! La pintura me permite recrear esos ambientes deseados de silencio y calma.

*El año pasado publicó un libro de dibujos, Viaje a Boston, con apuntes hechos a mano en una libreta. ¿Siempre viaja con cuaderno y lápiz en el bolsillo?

*Siempre, lo que no quiere decir que esté todo el día dibujando o que lo use siquiera. Lo llevo por si acaso, como otras tantas cosas, pero no tengo esa pulsión por dibujar, no me va la vida en ello. Realmente donde más dibujo es en los aviones, porque hay pocas cosas que puedas hacer. Tampoco voy a decir que dibujar sea mi última opción, pero hay otras cosas que me llaman la atención. Como decía mi querido catedrático José Sánchez Carralero: “¡Ah del que solo pinte!” o “para qué encerrarse a pintar si aún no has salido a vivir”.

*En la isla mexicana de Holbox encontró a su ‘musa’ particular. Cuénteme cómo fue ese descubrimiento.

*Hace unos 18 años un conocido me comentó que estaba trabajando en Holbox, no dudé en preparar mis óleos y marcharme allí 15 días. Enamorado de aquello pregunté cuánto costaría un terrenito, me quedé tan sorprendido por la cifra que no dudé en adquirirlo. Un año después dibujé cómo quería mi casa y con la ayuda de un arquitecto de Cancún conseguí construirla. Y allí está, desafiando los huracanes que cada verano amenazan a la isla.

*Ha dicho que «no sabe por qué pinta lo que pinta», pero algo habrá que le mueva a coger el pincel y expresarse sobre el lienzo en blanco

*Un profesor mío decía que “no hay malos temas, hay malos pintores”. Yo solo necesito que lo que pinto forme parte de una experiencia, de mi día a día. No pinto para expresarme, siempre he pensado que si mi intención fuera hacerlo, de entre todas las artes habría elegido la que menos capacidad tiene de transmitir algo en concreto… Para eso escribir sería la mejor de las maneras, también cantar, incluso bailar. Mi pintura forma parte de un diario sobre lienzo, en esos cuadros estoy yo y lo que el espectador quiera ver. Nada más.

*Usted es de los que piensa que “nada virtual puede igualar a una pintura en directo”. ¿Qué reflexión hace sobre el disfrute del arte desde pantallas de móvil u ordenador en estos meses de encierro?

*Creo que es la única opción que hemos tenido y como tal la hemos disfrutado. Pero a quien realmente le guste el arte, siempre preferirá la contemplación en directo. Estar delante de las Meninas es darte cuenta de tu escala con el cuadro; por mucha calidad de fotografías que tengamos, nada puede igualar el estar ahí, en esas salas donde la banda sonora es el susurro de los asistentes y sus pisadas. Sol G. Moreno

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